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Los colegios profesionales son los defensores de los intereses de los profesionales

Nuestros Estatutos lo dicen, la Ley de Colegios Profesionales lo dice, nosotros lo repetimos siempre que tenemos ocasión a los estudiantes, a los nuevos licenciados que se incorporan … pero nos ha gustado leerlo en un suplemento de La Vanguardia (La Vanguardia, 27-4-2002) y por eso lo reproducimos …

Sólo un pero: al comienzo del segundo párrafo puede añadir «químicos», los señores de La Vanguardia lo han descuidado.

Arquitectos, notarios, médicos, ingenieros, delineantes, biólogos o abogados. Todos ellos gozan del amparo de una organización propia que vela por sus derechos y regula los diferentes aspectos de su actividad: los colegios profesionales. Con un papel significativo y legitimación para actuar en el proceso político, otorgada por la Constitución, los colegios no son simples agrupaciones de profesionales del mismo sector, sino que son organismos reconocidos como un instrumento de intervención entre el Estado y la sociedad.

Sus orígenes históricos se remontan a la Edad Media y, aunque los gremios son su antecedente más directo, la mayoría de colegios profesionales no surgen como tales hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Ante la agrupación de los trabajadores de oficios artesanales en gremios para defender con más fuerza sus intereses, aquellos que desempeñaban profesiones liberales empezaron a hacer lo mismo, ya en el siglo XIV, en asociaciones que posteriormente desembocarían en los colegios profesionales.

RAZÓN DE SER

Actualmente, la ordenación del ejercicio de la profesión y la representación de los intereses generales de la misma por una parte, y la defensa de los intereses profesionales de sus miembros por la otra son las principales razones de ser de los colegios. Estas finalidades denotan la duplicidad que está presente en estas entidades.

 FUNCIONES

El hecho de actuar por delegación de la Administración hace que los colegios profesionales tengan como principales funciones la lucha

contra el intrusismo, el control del cumplimiento de los códigos deontológicos de cada profesión, el ser el conciliador de determinadas situaciones, vigilar que se respeten las normas de la competencia, además de la ordenación de la actividad profesional. Paralelamente a estas funciones, los colegios profesionales tienen la labor de defender los intereses de sus miembros. Además, la mayoría ofrecen diferentes servicios, organizan actividades culturales o de formación, tienen bolsa de trabajo para los colegiados, asistencia jurídica y sanitaria,

reconocimiento de su cualificación profesional (con vistas a determinados empleos o a la homologación de su titulación en el extranjero, por ejemplo), control deontológico de su ejercicio profesional, protección de su autonomía como profesional y un amplio abanico de ventajas para sus afiliados.

 ORGANIZACIÓN DE LOS COLEGIOS

Los colegios profesionales tienen una composición y funcionamiento democrático. Deben acoger a todos los profesionales que ejerzan determinada profesión, de forma que el control que se realice sobre los mismos suponga una garantía al ciudadano o usuario sobre la articulación de sus derechos fundamentales, para lo que tiene que responder al principio de independencia respecto a cualquier influencia externa que desvirtúe el ejercicio de las profesiones.

Los colegios de una misma profesión se organizan en Consejos Generales que son el órgano representativo y ejecutivo y los que elaboran un Estatuto común para los colegios que agrupa, que está sometido a la aprobación del Gobierno. Estos estatutos básicamente regulan la adquisición, denegación y pérdida de la condición de colegiado, los derechos y deberes que tienen los miembros, el régimen organizativo, jurídico y económico del colegio, así como sus funciones y finalidades. Aparte, cada colegio elabora un estatuto específico basado en los Estatutos Generales, que tiene que ser aprobado por el Consejo General.

El número de colegios profesionales cada vez es mayor, ya que profesiones recientes y con gran auge actualmente, como la informática o algunas ingenierías, están empezando a crear sus propios colegios. De todos modos, el sector sanitario es el que está a la cabeza en número de colegios y de miembros, ya que entre médicos, farmacéuticos, diplomados en enfermería y otros profesionales del sector, como los radiólogos, suman unos 500.000 colegiados en toda España.

Los motivos por los que cada vez más profesionales deciden colegiarse son varios. Destaca sobre todo, desde el punto de vista vocacional, la oportunidad de pertenecer a una institución compuesta por personas con las mismas inquietudes e intereses, a la hora de desarrollar una formación continuada, llevar a cabo cualquier reivindicación o necesitar apoyo y asesoramiento profesional, entre otras.

TRABAJAR EN EL EXTRANJERO

 Actualmente en determinados sectores el hecho de estar colegiado provoca que puedan desarrollar su trabajo en otro país miembro de la Unión Europea. En algunas profesiones, por ejemplo, la de abogado, no se considera a un licenciado como abogado si no se está incorporado al colegio. El país de acogida quiere recibir un abogado, no un licenciado en derecho, que es como están concebidas las directivas europeas para la libre circulación de profesionales. El requisito de colegiación es visto en el espacio europeo y fuera de él como una garantía de la actitud y aptitud de ese profesional en concreto. Es por todo esto y por la protección y garantías que estas organizaciones aportan a sus miembros, que cada vez son más los que deciden colegiarse y adquirir de este modo una voz más relevante en la sociedad a través de la importancia cada vez mayor que van cobrando los colegios profesionales.

 La Vanguardia, 27-4-2002